Alba de América - 12 de Octubre (Antonio de Brugada)




 Temas Históricos

 

 

 


MÉXICO, LUCES Y SOMBRAS EN EL SIGLO XVIII
 Por Carlos R. Astudillo Constantino*

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En 1521 sucumbe la antigua ciudad de Tenoch ante una gran alianza de pueblos y señoríos sometidos al poder y al terror mexica. Cempoaltecas, tlaxcaltecas, otomíes, texcocanos, chinantecos y muchos más se rebelan contra la orgullosa Tenochtitlan, aprovechando la presencia de los recién llegados españoles. De entre las cenizas de la odiada metrópoli surge una nueva capital, llena de palacios y templos. Ha surgido la Ciudad de México como capital de la Nueva España. Política, Religión, Economía, Arte, Ciencia, todo se convulsiona y fluye. Es un Nuevo Mundo. Nuevas experiencias, costumbres y tradiciones están naciendo. Lo viejo se mezcla con lo nuevo, ave fénix que renace de sangre y cenizas con un bello, nuevo e inquietante plumaje.

 

Lentamente, fue surgiendo el México que hoy conocemos. Lo formaron españoles, mexicas, mayas, tlaxcaltecas, otomíes, cazcanos y huachichiles, tzeltales, purépechas y cempoaltecas, huaxtecos y mixtecos, africanos, filipinos, chinos y japoneses, italianos, griegos y alemanes, flamencos, portugueses. Nuestras raíces.

 

En lo político, se formó un dominio sometido a la soberanía de los reyes de Castilla y Aragón. De hecho, a nivel local se estableció un sistema político complejo, donde los antiguos señoríos indígenas o “altépetl” se conservaron, con la denominación de “Repúblicas de Indios”. Por otra parte se fundaron nuevas ciudades, que pronto se llenaron de gente llegada de todas partes. Instituciones como la Audiencia, la Universidad de México, la Inquisición, los gremios, cofradías, órdenes religiosas y clero diocesano formaron un sistema complejo de pesos y contrapesos, con funcionarios reales operando como árbitros en las relaciones dinámicas y casi siempre conflictivas que se establecieron entre los factores reales de poder.

 

Lo sorprendente de este sistema complejo y balanceado es que se mantuvo más o menos estable durante unos trescientos años, salvo algunos episodios aislados de crisis política. La clave de la estabilidad novohispana fue el litigio legal que estaba al alcance de los factores de poder, y que inhibía la mayor parte de los conflictos violentos. Órden religiosa contra Obispado, Ayuntamiento contra República de Indios, Virrey contra Audiencia, Inquisición contra hacendados, Mineros contra comerciantes, Consejo de Indias contra Gobernadores y Adelantados. Mérito notable de este sistema de reparto de poder son las instituciones jurídicas que aseguraban a todos un lugar en la sociedad novohispana, y una garantía de defensa de sus derechos según su posición social.

 

A la estabilidad del sistema político novohispano se contraponen sin embargo dos características que influyeron negativamente en el futuro del México independiente. Por un lado, tanto la sociedad indígena como la sociedad española confluyeron en la integración de la Nueva España bajo un perfil político autoritario, donde la población, dividida en estamentos, tenía derechos y obligaciones desiguales. Tanto en los pueblos indígenas como en España era la nobleza la que tenía a su cargo el ejercicio del poder, y el resto de la población debía someterse a su dominio sin aspirar a modificar su condición.

 

Por otra parte, indígenas y españoles consideraban que la nobleza tenía que acaparar la riqueza derivada de las actividades más productivas del Reino. En la Nueva España los españoles y los nobles indígenas se enriquecieron a través de las haciendas ganaderas y agrícolas, el comercio y la minería. Partícipes de este bienestar fueron pequeños propietarios, rancheros, vaqueros, pequeños comerciantes, artesanos y profesionistas, destacando en este segmento de la población un intenso mestizaje fruto de las circunstancias favorables derivadas de la integración de nuevos territorios incorporados al reino novohispano. Es la parte central de lo que ahora es México el escenario principal de esta colonización mestiza y floreciente, que hizo surgir de la nada ciudades como San Miguel de Allende, San Luis Potosí, Saltillo, Querétaro, Celaya, y cientos más de poblaciones nuevas surgidas al calor de la marea de indios, españoles y mestizos que viajaban al norte en pos del sueño de la plata, cristalizado en Guanajuato y Zacatecas. Al fondo de la escala social se encontraban los campesinos, en una aplastante mayoría indígenas, que sembraban la tierra y estaban sometidos a los dueños de la tierra, fueran españoles, indios o mestizos. Los campesinos vivían al nivel de subsistencia y no contaban con las condiciones reales para prosperar y emanciparse de su condición económica precaria.

 

Así llegamos al siglo XVIII, la Nueva España es una sociedad compleja y apabullante, llena de palacios, templos, ciencia y arte, riqueza y sofisticación pero también de pobreza y agravios. Los criollos, de origen español, pero nacidos en México, concentran el prestigio, la riqueza y la educación del Reino. Sienten un legítimo orgullo por sus logros, y ostentan su impaciencia y desagrado ante el monopolio del poder político que controlan los nacidos en España. Riqueza y educación se concentran en la parte alta de la sociedad, y no existen mecanismos que fomenten el mejoramiento substancial en el nivel de vida de los campesinos. La corona española por su parte dio un giro inesperado al talante con que gobernaba sus reinos de Ultramar. Mientras en el siglo XVI y XVII México era un reino sometido a la soberanía española, a partir del siglo XVIII España lo consideró como una colonia. La dinastía borbónica, reinante en España, al amparo del despotismo ilustrado, que tenía a la Filosofía de las luces como ideología dominante, encabezó una administración de sus dominios americanos basada en criterios de explotación económica y eficiencia gubernamental. La nueva filosofía política española despedazó el complejo sistema de pesos y contrapesos que había mantenido la estabilidad y paz social en las tierras novohispanas. El despotismo ilustrado se manifestó como absolutismo y opresión. Multitud de medidas emanadas de la corona destrozaron la economía y la sociedad novohispana. A través de impuestos y gravámenes se arruinó a los novohispanos, se les ofendió con persecuciones y hostilidades a las instituciones religiosas, y se incrementó el peso de los funcionarios peninsulares en contra de los criollos. Órdenes religiosas como los jesuitas, Obispados, Hacendados, comerciantes, pequeños propietarios, pueblos indígenas y en general toda la sociedad novohispana fue agredida y afectada por las disposiciones absolutistas de los monarcas ilustrados. Así nació un incipiente nacionalismo, hijo del orgullo pero también del agravio, por parte de los nacidos en México. Cuando la monarquía absolutista de España terminó por caer rendida ante las armas de Napoleón Bonaparte a principios del siglo XIX, se disparó la crisis política que en México nos catapultó a una guerra civil de Independencia larga y sangrienta, que culminó tras once años de devastación y desolación, en la instauración de México como estado independiente.

 

Ciudad de México, Febrero del 2010.

 

 

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*Carlos R. Astudillo Constantino es Director del Centro de Cultura Humanística A.C. FUNDICE www.fundice.org

 

 

 


 

 

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