Alba de América - 12 de Octubre (Antonio de Brugada)




 Columnistas

 

aforismo.jpg

EL POSITIVISMO

 

y STUART MILL…

p. RP LEONARDO CASTELLANI.

 “TODO HOMBRE NECESITA DE ALGO SUPERIOR A ÉL EN DONDE APOYARSE, A CAUSA DE LA INDIGENCIA QUE EN SI MISMO SIENTE, PARA PODER EQUILIBRARSE Y SALVARSE; Y ESO SUPERIOR, LLÁMESE COMO SE QUIERA, ES LO QUE LLAMAMOS DIOS”.  (Santo Tomás: Summa Theol., I, II, cuest. 85, art. 1º).

                                                                                                                                    Desde MAINE DE BIRÁN a BERGSON reina en Europa el positivismo indisturbado por los grandes panteísmos postkantismos (FICHTE, SCHELLING y HEGEL) demasiado difíciles, por los ensayistas románticos ingleses, y por el tibio tiranismo de los “eclécticos” franceses, LAROMIGUIÉRE, COUSIN, ROGER COLLARD. El positivismo halló su forma y su nombre en Francia, aunque su raíz es el empirismo inglés, y su difusión por Europa y su nombre (donde fue una especie de rápido sarampión desde la guerra de los boers gasta la guerra del 14) se deba quizá a SPENCER y fascinación mítica que sobre ella ejerció la Inglaterra de la Reina VICTORIA; unida a la claridad y decisión del pensamiento francés.  

Hoy día uno se pregunta cómo pudo alguien tener a SPENCER por filósofo y leerlo. Un terrible signo de que España estaba (¡ay!) en plena decadencia es que hacia 1905 se tradujeron apresuradamente y se difundieron por la península las plúmbeas obras del maquinista inglés, ya enterrado en Europa.

Llámese positivismo en general a toda filosofía que rechaza la metafísica; después de lo cual continúa llamándose filosofía, no se sabe por qué: es, como dijo el latino, “felix non phylosophandi philosophia” la filosofía del no filosofar. A la metafísica la llamaron los antiguos “filosophia primera” y en rigor todo lo que hay de filosófico es metafísica, siendo como su médula y su meta. Uno puede dejar la metafísica, y quedarse con la filosofía: los cuales tampoco llegaron a Rectores de Universidad, como AUGUSTO COMPTE  y SPENCER que aspiraron a ello inútilmente.  

Desde el principio conviene poner loa y el reparo general que merece el positivismo. La loa es que contribuyó a limpiar el campo cultural del abrojo de la metafísica fácil y el vicio del “conceptualismo” y la “ideología”, dirigiendo la atención sobre los hechos, y fomentando la observación, la estadística y el experimento, así como la creación de las ciencias particulares y espíritu científico; incluso en la filosofía.

El reparo es que el principio general de exclusión que arboló contra la metafísica es no solo falso sino contradictorio, y por tanto es una ficción. Es un principio metafísico, en el momento que pretende ser absoluto, es decir, simplemente “principio”. Es gracioso ver a SPENCER determinando todos los Primeros Principios de todas las ciencias morales, cuando su filosofía debería negar que existan primeros principios, e incluso ciencias morales. De hecho, los “principios” que él establece para Filosofía (por ejemplo), a saber:

 

1)   indestructibilidad de la Materia

2)   permanencia de la Energía

3)   continuidad del Movimiento

4)   constancia de relaciones entre Fuerzas.

 

No son “principios” metafísicos, es decir, necesarios, sino inducciones investidas del valor de Postulados pertenecientes a la física de aquel tiempo, en la formula mucho más clara de “nada se crea, nada se pierde” de LAVOISIER ; postulados hoy día discutidos, corregidos y aun negados por la moderna revolución einsteniana-atómica.

La “EVOLUCIÓN” es una mera hipótesis biológica elevada chacabanamente a ley  general por simple abstracción o simbolización. En cuanto a lo Incognoscible, objeto a la vez de la religión y la ciencia (Dios) es una afirmación metafísica, como lo observó CARO y reconoció ARDIGÓ. 

Es curioso pues cómo el positivismo se refuta a sí mismo en su marcha (como el movimiento se demuestra andando, la metafísica filosofando) con el mismo chistoso dilema con que (dicen) ARISTÓTELES refutaba a los “positivistas” de su tiempo: es decir, a los sofistas que sostenían con gran copia de razones que “no hay que filosofar”.

 

“O hay que filosofar o no hay que filosofar

Pero si no hay que filosofar, hay que filosofar (para demostrar eso).

Luego de cualquier modo hay que filosofar”.  

 

Fuera de esta metafísica negativa o polémica, hay en el positivismo una implícita metafísica positiva, como su dijéramos “una metafísica no filosofada”: porque toda doctrina, aunque sea política o metodológica, lleva en su fondo una visión A o X del hombre y del mundo, lo que llaman hoy una Cosmovisión;  puesto que no es posible pensar filosóficamente lo particular sin pensar en lo universal, que es el primer objeto de nuestro intelecto abstractivo.  Esta metafísica focal está constituida en el positivismo del siglo XIX por la idea del PROGRESO, ya sea considera como una ley ineluctable de la “evolución” como en SPENCER; ya como una resultante histórica feliz alcanzada definitivamente de hecho, STUAR MILL … “en la Era del Progreso en que han entrado hace poco las agrupaciones más civilizadas de la especie humana”, The Liberty, prólogo, * I. ; ya como un ideal próximo por alcanzar con un ensamblaje político y moral de ingeniería humana, como en SAINT SIMÓN y COMPTE.   

Esta idea estaba disuelta en el ambiente, procedente del optimismo católico, trasposición laica del dogma de la providencia, ebullida por la euforia resultante del extraordinario y asombroso progreso de la ciencia y técnica (es decir, de la “tecnología”) y el aumento deslumbrador de inventos, facilidades, riquezas y comodidades que ella produjo de golpe. En los jefes esta idea se encarnó en  “sistemas”; en la tropa produjo la eclosión del cientificismo, del pacifismo y de toda clase de utopías políticas y sociales. Allá en su rincón gruñía sordamente SCHOPENHAURER, escuchado por nadie.

La guerra de 1914 con los derrumbes que acarreo, y más tarde la filosofía de ENRQUE BERGSON, y de SPENCER, puso fin a esta ebriedad. De modo que hoy día CHERTERTON (en “Avowals and Deniels”: XXVII. On the science of Sociology) puede titear a la Sociología diciendo que quizá es posible encontrar en un bosque perdido, en una choza de ramas y cubierto de harapos, algún astrólogo o algún alquimista que su familia ha rehusado internar en el manicomio y ha dejado allí entregado a su inofensivo “hobby”; pero no sería posible encontrar un “sociólogo”, en el sentido de COMPTE.  

Se engaña CHESTERTON: los que hay en el BRASIL y en la ARGENTINA; y no precisamente en los bosques. En cuanto a las utópicas sociales, no serán ya el “falansterismo” y el “sansimonnismo” pero se han prolongado y tomado cuerpo, incluso político, en el socialismo y constituye el mayor peligro del mundo occidental. KARLOS MARX tomó la noción de “plus valia” de STUART MILL; su “dialéctica histórica” depende de COMPTE; y su mesianismo de la “gran aurora” o dictadura edénica del proletariado es no más un futurismo judaico que representa la encarnación actual del mito del Progreso Ineludible.

El progreso es bueno como ideal; pero es malo como idea; cosa que ellos dejaron por hacer, como que la poseían implícita a manera de dogma, heredada de gente que había leído metafísica y aún teología, como VICO, CONDORCET, y BAYLE.   

Progresar significa “ir adelante”, lo cual de suyo es bueno; pero no tiene sentido si no sabe dónde; y es peligroso si se va por mal camino a un término vago, imaginario o simplemente imposible. La idea de progreso, en los que ponen su felicidad en esta vida (convencidos de que no hay otra) se carga de elementos místicos que la convierten en virulenta o netamente explosiva. La aspiración a la felicidad es natural al hombre y tiene una fuerza infinita. Si la felicidad ha de estar en esta vida, y sobre todo si consiste en el placer y en el “confort”, resulta que muy pocos están contentos con lo que tienen – tengan lo que tengan; de donde fatalmente resulta un tremendo afán por “apresurar el progreso”; porque realmente pocos hombres son capaces de labrar con  esfuerzo y sacrificio una felicidad que han de gozar si acaso sus tataranietos. Pero apresurar febrilmente el progreso comporta el riesgo (hoy día realizado, hélas!) de destruir una enormidad de progreso; - y aun de personas humanas que esos gérmenes gestaban.

El progreso del huevo es el pollo; pero querer sacar muchos pollos antes de tiempo o con medios inapropiados, ocasiona verdaderas hecatombes de huevos y aún de gallinas – como le pasó a un amigo mío que quiso criar pollos con incubadora atómica… - y también a nuestro encantador siglo XX.

La mítica y beatífica del Progreso con mayúscula, esa “era definitiva en que han entrado ya las naciones núbiles” que decía VÍCTOR HUGO, incubaba al ir enardeciéndose los basiliscos del capitalismo, la superproducción, las crisis económicas, la lucha de clases, el imperialismo, las guerras, y al final las mundiales – las arbitrariedades, el odio endémico, las tiranías – y con ello un estado de mal comprensión, hostilidad, pasión, confusión, desorden y perplejidad en el género humano como no se ha visto en la historia entera; y que ya se vuelve insoportable. En cuanto  las destrucciones de gérmenes de felicidad (materiales y morales) operados por estado apocalíptico de la progresiva e ilustrada “edad tercera” de COMPTE, es superfluo que me detenga en ellos, pues “no se puede hablar llorando”, dice el DANTE.  

El progreso está hecho para ser aspiración y no inspiración. Todos los grandes progresos de la humanidad no han sido hechos por “progresar” ni en provecho del “devenir” sino por una imagen actual, a veces  tan frágiles como la gloria, o una mujer; o “pensando en los niños”, como sostenía CHARLES PÉGUY en su Elogio de la Esperanza. No se progresa bien pensando mucho en el progreso, como no se digiere bien pensando en la digestión. Cuando se entra en la catedral de Sevilla (cuenta el Arzobispo de Salta, Sevilla argentina) se queda uno asombrado de la magnitud del ámbito, y se exclama: “Pero estos hombres estaban LOCOS? Hicieron una catedral como para 200.000 habitantes cuando Sevilla tenía 40.000 habitantes”. Pero hasta ahora SEVILLA tiene 200.000 habitantes…Revisando los planos de la Catedral se encuentra el motivo de aquellos  hombres realmente progresistas: “Hagamos un Iglesia tan grande que la posteridad nos tenga por LOCOS” – dice el anteproyecto… LA GLORIA de hacer una andaluzada.

La falsa idea positivista del Progreso está formada por un elemento religioso y un elemento empírico, es decir, de dos extremos que se han se han escapado del control medio de la razón; lo cual es lógico en un positivista. No queréis ninguna metafísica, pues no la tendréis…verdadera; pero la tendréis falsa. “Metaphysicare necesse est”. Nacida del empirismo tendrá que apoyarse en la religión; y de hecho todos los jefes positivistas emprendieron reformas de la religión o se metieron con ella, ya para declararla abolida, ya para fundar otra nueva. Un hombre que es un puro hombre de ciencia, un gran físico-matemático, ALEXANDER,  escribe en nuestros días un libro que se llama “Space, Time ad… Deity”, a la manera que NEWTON escribió un Comentario del APOCALIPSIS. Pero COMPTE fue mucho más lejos, pues escribió un RITUAL.  

 

 Por último, las escuelas que ordenan los actos humanos a otra cosa:

Al placer (hedonismo: Aristipo, Epicuro);

A lo útil (utilitarismo: Bentham, Stuart Mill);

Al Estado (Hegel y “sociologistas” modernos;

A la Humanidad (Augusto Compte);

Al PROGRESO (Spencer);

A la Simpatía (escuela escocesa);

A la Compasión (Schopenhauer);

A la producción del Superhombre (Nietzsche).

 La escuela de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino sostiene que toda la vida moral depende de la tendencia al sumo Bien del hombre o a la Felicidad; y que el objeto en el cual consiste esta felicidad es Dios; - DIOS, a quien debemos amar, no para nosotros, sino por Él mismo; como que es nuestro fin “último”, es decir, querido por sí mismo y no por otra cosa.

Las utopías sociales del positivismo permanecen y permanecerán; porque el positivismo procede del empirismo, que es eterno en la filosofía o en las tentaciones de la filosofía. El empirismo, que reduce toda la ciencia a la observación y la experiencia, es la metódica del sensismo, que reduce todo el conocimiento a la sensación.. El sensismo es eterno en filosofía. Porque es la solución fácil del problema del conocimiento. Por eso había ya en el tiempo de ARISTÓTELES positivistas como arriba vimos. La metafísica es difícil. Y para mejor es inútil. Y por eso mismo es amada del hombre, eterno amante no correspondido.   

 

STUART MILL  

 JOHN STUART MILL  fue hijo de un sabio (JAMES MILL) que propuso formarlo metódicamente, con todos los recursos de la pedagogía racional. Los sabios son buenos padres pero malos pedagogos; porque son demasiado pedagogos. Salio un “intelectual”; es decir un sabio de invernáculo, que a los nueve años había leído todos los autores latinos, y resumido en latín la “Historia de Roma” de HOOKE; y a los 20 años tenía “surmenaje” crónico.  En su “Autobiografía” achaca a su padre que “quebrantó su salud, su sentimiento y su voluntad”. Para reparar se metió en política, no sin fortuna; y para las otras dos se casó con una viuda rica, MISTRESS MARY TAYLOR, que milagrosamente le salió muy pasable; y se dedicó solícita a cuidarlo y murió al poco tiempo; al lado de la cual descansa eternamente en el cementerio de Avignon, después de haberlo visitado cada año en los 15 que la sobrevivió. En honor a ella escribió un libro “La esclavitud de la mujer”, con el cual inventó el FEMINISMO, uno de los tres inventos que legó a la humanidad. SFIDO ÍO!  Así, yo también sería feminista.  

STUART MILL no puede llamarse propiamente un filósofo, aunque es el más serio de todos los positivistas: tiene mucho de lo que llamamos hoy un “ensayista”, y no poco de lo que llamaron nuestros padres un “arbitrista”. Cuando propone arbitrios y proyectos está en su centro; aunque todas las que propuso al Parlamento inglés fueron rechazadas. (1865-1868).

Las partes interesantes de las obras de STUART MILL son aquellas que equivalen a “ensayos” sobre alguna cuestión concreta (De hecho sus mejores obras llevan el título de “Ensayos”: “Essays on Liberty” (1858), “Essays on Irish Land Question” (1870), “Essays on Religion” (1870, póstuma), “Essays on …Political Economy” (1844).; allí el buen sentido inglés, tozudo, empírico y práctico, actúa con toda su fuerza de modo sobrio y sereno, y a veces un poco socarrón; allí hace la obra que realmente fue positiva de este Estuardo protestante, que es la defensa del “individualismo”; de ningún sino del “individualismo” inglés, bien entendido. De hecho, su crítica de la “Ley de Maine”, más tarde la “Ley Seca” (QUE ES BUEN ENSAYO dentro de su tratado sobre “La Libertad”) libró  a Inglaterra puritana de la fracasada “Prohibiton Law” yanqui; y la regocijada novela actual “The Flying Inn” de CHESTERTON no es sino una explanación e ilustración humorística de ese ensayo.

stuart2.jpg

 

 Salvando la distancia, se da un aire de familia con nuestro AGUSTÍN ÁLVAREZ, que fue en efecto su discípulo; hombre de talento, con experiencia política, manía de reformador, moral natural, muy leído, pasablemente supersticioso, sin sentido estético y que escribe de ordinario bastante mal. Su “hobby” es resolver todos los problemas prácticos que le pasen, por delante, como un cazador de patos apostado en unas matas. Las matas son la filosofía.  Los tres problemas prácticos permanentes de la humanidad son regular las relaciones entre sociedad e individuo, entre individuos mutuamente y entre las dos partes del individuo llamadas vulgarmente cuerpo y alma; es decir, política, moral social y moral personal.  

STUART MILL prescinde de la tercera relación (que abandona a la religión) y resuelve las dos primeras con una norma simple y negativa:

 No hacer daño al prójimo

Impedir (El Estado) que el prójimo me dañe a mí. 

Esta solución se llama “individualismo”: es el extremo opuesto al “Absolutismo” ESTATAL que entonces apuntaba en la práctica y ya estaba sistematizado  por HEGEL; que hoy hemos bautizado con el bárbaro nombre de “totalitarismo”. Un individualismo sensato, amputado de sus aristas reaccionales y de su absolutez sistemática, constituiría lo que llamamos hoy “personalismo”, palabra también de moda.  STUART MILL reconoce que esa amputación y corrección depende de la separación (y oposición en cierto modo) del régimen espiritual y temporal del hombre; pero acusa al régimen espiritual existente de abusos que vuelven ficticia la solución; y de hecho le da, al poder espiritual lo mismo la metafísica, por cosa abolida o por abolir a corto plazo. Por lo cual podemos ponerlo en el casillero supradicho como “anti-tradicionalista” o renovista, REFORMADOR, en suma.

Le llaman empirista, utilitarista, liberal “moderado”. Es un error. Con un estilo pacato y pesado y un aparente equilibrio, STUART MILL es más radicalmente revolucionario que HUME a quien siguió y HAMILTON a quien refutó. “El intelecto no es más que actividad asociativa acumulada por el hábito; esta posición central de su filosofía es sensismo puro; y STUART MILL la lleva a sus últimas consecuencias: las mismas matemáticas, que, HUME respetó, son ciencias puramente experimentales o “experienciales”. El concepto de causa es una pura ilusión.  La causalidad es una asociación de ideas.

Cuando un asocie adquirió una especie de inseparabilidad, - y – no sólo ocurre que la idea central evocada por una sensación se asocia fenómenos correspondientes se dan por inseparables en la realidad. Las cosas no aptas a concebirse separadas se dan como no aptas a existir separadas. Y ESTA CREENCIA en su coexistir, que es en realidad una experiencia, la damos como una intuición…”. (System of Logic).

Hay dos errores en el párrafo precedente como lo habrá notado el discreto lector: 1º, error psicológico de concebir la “asociación” como algo mecánico, falto de atención al principio de la “totalidad psíquica”, ya aquel entonces por MAINE DE BIRÁN: no hay asociaciones en el hombre que sean del todo idénticas, como no hay dos actos psíquicos iguales;  2º, error lógico de confundir un sofisma vulgar (muy frecuente por cierto) “DAR COMO INEPTAS A EXISTIR SEPARADAS  DOS COSAS INEPTAS A PENSARSE SEPARADAS” con la operación normal del juicio, donde interviene una actividad nueva. Lo que hay es que la mayoría de los hombres no tienen juicio predominantemente imaginación; pero éste no debería filosofar.

Así pues STUART MILL es sensista. El que tiene esta inocente posición: “Las ideas no son más que sensaciones elaboradas” (verdadera en un sentido) parece nada; pero se ve obligado poco a poco, si es consiente, a negar el libre albedrío, la inmortalidad del alma, la existencia de Dios, y la validez universal de la moral.

Si STUART MILL no negó todo eso fue porque le faltó tiempo y principalmente porque, a pesar de ser el “fundador de la Lógica” (como la llama THOMAS REID) era un poco ilógico – como buen inglés – positivista. Así por ejemplo, en sus tres ensayos póstumos “On the Religion” dejó a Dios seguir existiendo y se contentó con “limitarlo”. Existe un Dios muy respetable, pero es infinito y circunscripto (¿y por qué no temporal y moridero, entonces?) como una especie de JUPITER: eso sí, es invisible. Nada de Infinitos, Eternos, Inefables y Trascendentes. Un buen Emperador del Universo, un Rey Consorte, como el marido de la Reina VICTORIA o de la actual ELISABETH (II).  

“THREE ESSAYS ON RELIGION”: “Nature”, “The Utility” of Religion” y “Theism” es la obra póstuma del Estuardo, editada por su hijastra HELLEN TAYLOR.  Es la más nítida y ordenada de sus obras, la que se puede leer sin saltear. Esta destinada a defender la utilidad de la religión y a educirla a sus justos límites de la “CIENCIA”… Veamos que poco queda de la religión reducida a esos límites: …”Le tus proceded to consider what place is for religions belief on the platform of Science…”.  (Pág. Edición Longsmans, MDCCCLXXIV).  

 La religión es originariamente politeísta; se vuelve monoteísmo con el progreso del positivismo en la zona humana, es decir, “IN THE MORE IMPROVED PORTION OF DE THE RACE HUMAIN”. 

El teísmo se divide en dos clases: uno inconsistente y otro consistente con la “Ciencia”.

“El inconsistente es la concepción de un Dios que gobierna al mundo con actos de voluntad variables; el consistente es la concepción de un Dios gobernante por leyes invariables”.

El milagro es por lo tanto un absurdo; por lo demás hasta ahora no se ha demostrado ninguno. SAN PABLO, más ilustrado que los evangelistas, “no habla de milagros” (¿!).

Veamos las “evidencias” del teísmo. Se dividen en dos partes: a priori y a posteriori: Una es absolutamente “inconsistente” con un  espíritu científico; la otra es de natura científica.

La primera intenta probar la existencia de Dios a partir de ideas y no de “hechos”. No prueba nada. KANT ya lo ha evidenciado. 

Veamos el argumento de la Primera Causa.  

Hay que comenzar a ser, desde luego. La ciencia prueba que ellas comienzan por una  fuerza. Pero ¿qué prueba que esa fuerza requiere otra fuerza?

La Fuerza es eterna, lo mismo que la Materia.

Dicen que la Voluntad “is the Only possible cause of Force” es la causa de la Fuerza; que ella misma es fuerza; desde luego es la fuerza que mejor conocemos: “en nuestra acción voluntariado y solo en ella captamos un comienzo, un origen de fuerza”.

“Es el argumento de PLATÓN en Las Leyes”.

Pero ¿Qué PLATÓN nos probará que Voluntad tiene todos los atributos de una cosa Eterna o Increada?  

(Con la noción de “Causa” de DAVID HUME, naturalmente, ningún PLATÓN lo probará. MILL espera que le prueben la existencia de Dios con experimentos).

“El Theísmo, por lo tanto, en cuanto se apoya en la necesidad de una Primer Causa, no tiene soporte en la existencia”.  …”Nadie probará que nada puede crear una mente sino otra Mente… Y si se probara, esa Mente creadora tendría necesidad de otra Mente que la creara…”. “El problema queda irresuelto, indisminuído, ¿qué digo? Mas insoluble que antes”.

En resumen y dicho con nuestras palabras:

El argumento de la causalidad no puede probar la existencia de la Primera Causa por falta de constatación empírica, ni con respecto a lo material, ni con respecto al Alma: la Materia y la Energía pueden ser eternas; más la creación del Alma requerir una Mente Incausada e Infinita, no es evidente…”.  Este resumen da el calibre de este metafísico.

 NOTA DEL EDITOR:

 stuart1.jpg  JOHN STUART MILL. El hijo de JAMES MILL, nació el 20  de mayo de 1806, en Londres. MILL propone a la imitación la manera cómo ha sido instruido. Cree que lo que él ha dado así de provecho, cualquier muchacho o muchacha dotado de facultades ordinarias y de un temperamento sano podría darlo. Aunque muchas veces las exigencias sobrepujasen a las capacidades del niño, MILL cree que es bueno, pedagógicamente, manifestar estas exigencias. “¡Un discípulo al cual no se pide lo que no puede hacer, no hace jamás todo lo que puede! No quería conceder en absoluto que esta educación, que le había dado, como él dice, el adelanto de un cuarto de siglo sobre los de su edad, hubiese ejercido una influencia funesta sobre su desarrollo y su salud. Y, esta fuera de duda que la crisis intelectual que debió atravesar más tarde, así como la nerviosidad de que sufrió toda su vida desde la edad de treinta años, provienen, en gran parte, del desarrollo exclusivo y prematuro que recibió durante su infancia.

Es un ejemplo de desarrollo intelectual, que se produjo, es cierto, bajo una presión intelectual, que difícilmente hubiera soportado una naturaleza menos vigorosa y menos original que la suya, y que dejo huellas que subsistieron largo tiempo, tanto en la dirección de su espíritu como en su salud física. SU PADRE MISO LO EDUCÓ. A los tres años comenzó por el GRIEGO y poco después por la ARITMÉTICA; al mismo tiempo aprendía, naturalmente, el INGLÉS y la GRAMÁTICA. El estudio del LATÍN comenzó a los ocho años. Aprendió la HISTORIA UNIVERSAL, por su propio impulso, en obras extensas; daba cuenta a su PADRE  de sus lecturas en el curso de sus paseos que daba con él.  Después que hubo pasado revista a una gran parte de la LITERATURA GRIEGO y LATINA, se dedicó a la LÓGICA, que estudió, igualmente por sí mismo, y que repasaba y discutía a fondo durante sus paseos. Luego vinieron lecturas de ECONOMÍA POLÍTICA y un estudio profundo de DEMÓSTENES  y de PLATÓN, teniendo particularmente en cuenta la argumentación y el método. De muy temprana edad, el joven tuvo que instruir a sus HERMANOS y HERMANAS más jóvenes que él, lo cual le hizo adquirir la costumbre de regular y de utilizar sus conocimientos. No se trataba de acumular dentro de sí estos materiales. EL PADRE velaba porque la inteligencia marchase a la par con la LABOR MATERIAL y aun la precediese más bien.

“Lo que podía encontrarse por el pensamiento, dice STUART MILL,  en una autobiografía, mi PADRE no me lo decía jamás antes de que yo no hubiese gastado mis fuerzas en averiguarlo por sí mismo”. MILL propone a la imitación la manera cómo ha sido instruido.  De 1865 a 1868 fue MILL miembro de la Cámara baja; fue estimado por la claridad de su  espíritu y su conocimiento de los asuntos, aunque tomase principalmente la palabra en las cuestiones que eran menos populares. GLADSTONE SE HA EXPRESADO COMO SIGUE, SOBRE LA ACTIVIDAD PARLAMENTARIA de STUART MILL, en una carta (del 19 de diciembre de 1888, citado por GOMPERZ: John Stuart Mill: Ein Nachruf, pág. 46; Viena, 1889): “Los talentos distinguidos de MILL eran bien conocidos por todos nosotros de su entrada en el Parlamento. Lo que nos revelaba, al menos a mí, su manera de portarse, era la nobleza de su carácter. Yo acostumbraba en esta época a llamarle en la conversación el santo del racionalismo… Era enteramente inaccesible, inabordable a todos los impulsos y a todos los motivos que ordinariamente influencian a los parlamentarios por intermedio de su egoísmo. Su manera de expresarse y de obrar hacia el efecto de un sermón. Por otra parte, era un FILÓSOFO, pero no un hombre extravagante. Unía, a mi juicio, el sentido vigoroso y el tacto práctico del hombre de Estado con la elevada independencia del pensador solitario. No necesitó decir que saludé con júbilo su aparición y deploré profundamente su desaparición, y eso por interés de la Cámara entera de los Comunes. Nos era saludable a todos. En todo partido, en toda tendencia política (debo confesarlo a disgusto), tales hombres son raros”. 

JOHN STUART MILL murió, durante una residencia en Avignon, EL 5 DE MAYO DE 1873. Con él se iba uno de los espíritus más eminente, más leales y más nobles de nuestro siglo, uno de los que podemos poner en parangón con los grandes hombres del pasado. Su vida es un manantial de enseñanzas para todos los que aspiran un ideal, y sus escritos difunden una luz nueva sobre algunos de los objetos más importantes del pensamiento humano. (Este párrafo pertenece a HARALD HÖFFDING, “Historia  de la Filosofía Moderna”, traducción de PEDRO GONZÉLEZ-BLANCO, tomo II, Madrid, 1907, p. 464-495 y 478).  

“El valor de una institución resulta a la larga del valor de los individuos;  que la constituyen; y una sociedad que prefiriera a la expansión y elevación de sus miembros un remedo da habilidad administrativa en la actualidad de los negocios: un Estado que achicara a los hombres a fin de que puedan ser instrumento más manuable de sus proyectos (aun suponiendo que éstos sean excelentes) bien pronto caerá en que no pueden hacerse cosas grandes con hombres pequeños; y que en la perfección del mecanismo a que lo ha sacrificado todo (como notó JANSSENS) acabará por no servirle de nada, falto de poder vital impulsor, que se dio el lujo de anemiar con el fin de facilitar el funcionamiento de la máquina…”, lo sostiene el RP LEONARDO CASTELLANI.

*Reseña: de la Revista del Instituto de Humanidades de SALTA. Consejo de Dirección: ROBERTO DESIMONE S.D.B., JUAN ANTONIO URRESTARAZU PIZARRO, AGUSTÍN PÉREZ ALSINA.  Año V, Enero- Julio de 1952 (58 años), nº 13/14. El Padre CASTELLANI revistaba como catedrático.

Reprobación de un artículo del Pbro Dr. LEONARDO CASTELLANI. Sometimiento del autor. Página 102 de este número de la Revista. Conste.* 

 UNA TARJETA y UNA SORPRESA:

 *“UN JOVEN UNIVERSITARIO viajaba en el mismo asiento del transporte con un venerable anciano que iba rezando su rosario. El joven se atrevió a decirle: “¿ Por qué en vez de rezar el rosario no se dedica a aprender e instruirse un poco más? Yo lo puedo enviar alguno libro para se instruya”.

El anciano le dijo: “Le agradecía que me enviará el libro a esta dirección", y le entregó su tarjeta. En la tarjeta decía: LUIS PASTEUR, Instituto de Ciencias de París.  El universitario se quedó avergonzado, había pretendido darle consejos al más famoso sabio de su época, el inventor de las vacunas, estimado en todo el mundo y devoto del ROSARIO. (alejo1926@gmail.com)

 

*Edit. gabrielsppautasso@yahoo.com.ar DIARIO PAMPERO Cordubensis nº 175. INSTITUTO EMERITA URBANUS. Córdoba de la Nueva Andalucía, 27 de enero de enero del Año del Señor de 2010. Fiesta de SAN JUAN CRISÓSTOMO, Obispo, Confesor, y Doctor.  Sopla el Pampero, ¡VIVA LA PATRIA! ¡LAUS DEO TRINITARIO! ¡VIVA HISPANOAMÉRICA! GRATIAS AGAMUS DOMINO DEO NOSTRO! gspp.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

.